lunes, 4 de junio de 2018

TALLER DE MEDITACIÓN EN CASA DEL TIBET

Celebración de una sesión de introducción al budismo Zen

El dia 1 de junio, a las 20.00h, tuvo lugar en Casa del Tíbet de Barcelona un Taller de Meditación Zen. El propósito de la sesión fue dar una introducción histórica y teórica del Zen, y de práctica de zazén, la meditación sentada Zen.

La sesión fue dirigida por Josep Manuel Sosen Campillo, monje Zen, presidente del Centre Zen Nalanda, asistido por dos de sus instructores: Sofia Hannya Bengoetxea, bodhisattva Zen, y Manel Capell, instructor laico.

He aquí algunas imágenes de la sesión (Fotos: Manel Capell), y al final un resumen de la enseñanza impartida.










CONFERENCIA-PRACTICA DEL ZEN EN CASA DEL TIBET


INTRODUCCIÓN


HONGZHÍ ZHENGJUÉ (China, ss. XI-XII)

"El cuerpo se sienta silenciosamente; la mente, quieta, inmóvil. La boca, como si estuviera rodeada de musgo, y en tu lengua, brotes de hierba. Haz esto sin cesar, limpiando la mente hasta que obtengas la claridad del agua de una alberca en otoño, o la brillantez como la luna que ilumina el cielo del atardecer."

EIHEI DŌGEN (Japón, 1200–1253)

“Mantente firme en una posición sentada inamovible. Piensa en no pensar. El no pensar, ¿qué tipo de pensar es este? Más allá del pensamiento. Este es el arte esencial del zazén. El zazén del cual hablo no es una práctica de meditación. Es simplemente la puerta del Dharma de la felicidad, la práctica-realización de la total culminación del Despertar. Es el koan realizado, aquel que con subterfugios nunca se ha podido conseguir. Si entiendes esto, serás como el dragón zambulléndose en el agua, como el tigre adentrándose en la montaña”.

RYŌKAN TAIGU (Japón, 1758–1831)

“Cierro los ojos, me siento en meditación,
mil montañas en el crepúsculo.
Las diez mil preocupaciones del mundo humano son vanas.
Solo e inmóvil sobre mi cojín, en el vacío,
sentado ante una ventana vacía”.

***


Con estos tres poemas de estos tres grandes maestros del Zen está prácticamente todo dicho. Pero intentaremos aportar alguna pincelada más.

El principio de la meditación Zen parte de la experiencia del Buda. Esta es una práctica que ha ido pasando de maestro a discípulo a lo largo de más de 2.500 años.

"ZEN" (o "ZENNA") es una palabra japonesa que procede del chino "CHAN" o "CHANNA", y que a su vez procede del sánscrito indio "DHYANA" o "DJANA".

Esta evolución fonética ya indica el recorrido que ha hecho la tradición meditativa del Buda hasta llegar a denominarse Zen. Una tradición originalmente india que se ha ido injertando con el paso de los siglos de las tradiciones china (sobre todo del Tao) o japonesa, que es la que da el nombre hoy en día.

El Zen parte de tres principios básicos para su práctica:

1. Postura: cuerpo y respiración
2. Estado de la mente: dejar pasar los pensamientos
3. No beneficio: sentarse a meditar sin un interés

(ENSEÑANZA PRÁCTICA DE LA POSTURA EN MEDITACIÓN Y DEL TIPO DE RESPIRACIÓN)

***

KUSEN


Cuando meditamos, adquirimos la sabiduría necesaria para ver las cosas tal como son. Y esto es así porque en la Meditación ponemos en calma nuestra mente y así uno puede reencontrarse a sí mismo en la calma y la tranquilidad.

Con esta calma lograda, relativizamos los pensamientos y los prejuicios que inmovilizan nuestra mente. Y así es como, por la Meditación, aprendemos a ordenar nuestra mente.

Cuando nuestra mente está dispersa, pierde fuerza. La meditación canaliza la mente, y así esta recupera la fuerza. Cuando un pensamiento abruma (provocando dolor, sufrimiento), suele ser, además, persistente, por eso nos duele. La mente humana hace que todavía nos recreemos más en el dolor, sobre todo si aún pensamos en que no debemos pensar en eso que nos duele. Y así, sobre un sufrimiento real aún añadimos más sufrimiento.

Meditando, pues, aparcamos el pensamiento del sufrimiento que, en gran medida, procede de la ignorancia-la ilusión, del deseo-el apego, y de la ira-el odio... de lo que llamamos los Tres Venenos. Y somos capaces de aparcar este sentimiento de dolor porque, cuando estamos en meditación, nuestra mente relativiza la importancia que antes dábamos a todo esto. La meditación, por tanto, libera tu mente.

Seguramente no seguirás teniendo miedo, o enojo, o deseo, entre otras cosas porque quizás las circunstancias no hayan variado, pero este miedo, ira o deseo ya no te agobiará tan duramente como antes, ya no te sentirás tan mal. Te dará un respiro. Y si sigues meditando, aprenderás a respirar mejor y a encontrar una salida.

Una vez el pensamiento de dolor desaparece, el sufrimiento desaparece. Este es el mérito de la meditación: libera la mente, vaciándola de los pensamientos obsesivos, y la deja receptiva a ser llenada ahora por pensamientos positivos y a desarrollar al máximo cualidades espirituales como el amor, la compasión o el altruismo.

Y si cambiamos en nuestra forma de pensar y de observar las cosas y nuestro entorno, nosotros cambiamos. Y si cambiamos, también cambia nuestro entorno. Nuestro cambio interior es como una piedrecita que cae en el agua y causa ondas que se expanden por todo un estanque. Y así entenderemos, por ejemplo, que si algo no ha salido bien puede ser una gran suerte ya que puede ser una oportunidad de cambio real.

Mente abierta. Nada de aferrarse a las cosas, a la costumbre, a los prejuicios. Los apegos son avidez, una ilusión mental. La mayoría siempre se aferra, por ejemplo, a un Yo que creemos propio, personal, único. Pero, bien mirado, este Yo no es tal ya que, para que nuestro Yo sea tal, debe situarse en relación con los demás o con lo que nos rodea: por sí solo no se puede definir. Por lo tanto, nuestro Yo, como entidad, es vacuo, es una ilusión de la mente.

La Meditación, por tanto, desenmascara la engañosa mente, la libera de lo que la aflige más íntimamente, las ilusiones, los prejuicios, los apegos, etc. y, por tanto, conduce a la persona hacia su verdadera libertad.

Dice el Dhammapada:

Los estados mentales tienen su origen en la mente,
son dirigidos por la mente y son creados por la mente.
Cuando se habla o actúa con mente impura,
entonces el sufrimiento le sigue a uno como la rueda en la huella del toro.

Los estados mentales tienen su origen en la mente,
son dirigidos por la mente y son creados por la mente.
Cuando se habla o se actúa con mente pura,
entonces la felicidad le sigue a uno como la sombra que nunca lo abandona.


EL MODO DE VIVIR TAMBIÉN ES IMPORTANTE

Hay que ser conscientes de que para que el influjo de la meditación sea benéfico, más allá de una liberación de estrés o de otra función terapéutica (que tiene muchas), es importante saber aplicar valores porque la manera de vivir, la manera cómo enfocamos nuestra vida, tanto con relación a nosotros como con respecto a lo que nos rodea, también es importante. Meditación, pero con valores éticos y morales, sino solamente es un ejercicio de coaching.

Es por ello que, para terminar, no quiero dejar de mencionar las ocho líneas maestras de conducta para una vida más feliz, más consciente y más liberadora que formuló el Buda. Es lo que se llama el Óctuple Sendero.

El Óctuple Sendero del Buda es un camino tan sabio como obvio (sabiduría es hacer evidente lo que realmente es tal como es).

El Óctuple Sendero extiende, de una manera práctica sobre nuestro día a día, sobre nuestra existencia, la sabiduría que se adquiere por la meditación:

Comprensión correcta (comprender bien lo que dicen los sabios, saber escuchar)
Pensamiento correcto (tener un pensamiento positivo, tener buenos pensamientos)
Palabras correctas (hablar amablemente y con respeto a todo el mundo)
Conducta correcta (comportarse según los principios éticos fundamentales, y que están presentes en todas las religiones: no matar, no mentir, no robar, llevar una vida sexual ordenada y no drogarse)
Medios de vida correctos (la propia existencia o éxito en la vida no se puede basar sobre el sufrimiento de los demás seres)
Esfuerzo correcto (hay que esforzarse, ser perseverante, y no caer en la indolencia)
Atención correcta (hay que ser conscientes de lo que te rodea, de lo que perciben tus sentidos, de lo que elabora tu mente)
Meditación correcta (la práctica que acompaña todos estos propósitos de conducta y valores)

Si una persona se compromete a seguir estos ocho consejos, será feliz en esta tierra y además hará feliz a los demás seres que lo acompañan en esta existencia. Y si crees en un futuro, sientas la base para un futuro mejor (para la humanidad, la naturaleza, o para tu alma si crees).

Hay que actuar de manera correcta y hay que meditar para tener la plena conciencia del cómo y del por qué se actúa. Pero también hay que meditar para poder llevar en la vida una actuación correcta.